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sábado, 20 de enero de 2018

El peor de los pecados

MUTATIS MUTANDIS
Carmen Blanco Sanjurjo
Colaboradora Belmonte Arte ©






Jorge Luis Borges, en su poema 'El remordimiento', ya lo decía:  "no hay peor pecado que no ser feliz, y pedía como castigo ante tan terrible falta, ser arrastrado y perdido sin piedad por los glaciares del olvido". Su petición, que siempre me ha parecido una frase digna de Scarlet O´Hara, evidentemente, ha caído en saco roto. Los glaciares del olvido ni le han rozado, de hecho la lectura de este poema, ha inspirado que mi único propósito para este año, y para todos los que me restan de vida, sea intentar no cometer ese pecado.

Este año pasado se han muerto personas importantes en mi vida. Personas llenas de vida, y sus muertes han sido mazazos, que a duras penas consigo asimilar. Pero a través del dolor y del proceso de duelo, se está abriendo paso una nueva conciencia de la muerte que me permite celebrar la vida mucho más intensamente. No olvidar lo efímeras que pueden ser nuestras vidas y las de los seres que amamos nos permite dejar de lado mucha tontería.

En esta cultura nuestra, cada día más global y occidentalizada, apenas se habla de la muerte, vivimos de espaldas a la mortalidad, como si fuera algo que solo les pasara a otros, como si no nos fuera a pasar a nosotros, y creo que ahí precisamente radica parte de nuestra incapacidad para ser felices.
Cuando un general romano desfilaba en triunfo por las calles de Roma, tras él iba un siervo que se encargaba de recordarle las limitaciones de la naturaleza humana: “Memento mori” recuerda que eres mortal.

También nos recuerda nuestra naturaleza mortal una exposición magnifica, que desde el día 20 de diciembre del 2017 y durante seis meses se podrá visitar en el Museu Valencià d´Etnologia (Diputación de Valencia), 'Imágenes de muerte'. Representaciones fotográficas de la muerte ritualizada, es una exposición que aborda la tradición del retrato de difuntos como un instrumento de memoria y recuerdo familiar, a través de más de 80 instantáneas originales datadas entre mediados del siglo XIX y los años 70 del siglo XX.

María Blanco Freire
María Blanco Freire




En la época en que nace la fotografía, la sociedad mantenía una relación intima con la muerte. No se escondía. Los velatorios se hacían en las casas. La fotografía no era tan abundante ni estaba tan al alcance de cualquiera, y retratar a los difuntos era una práctica que buscaba conservar la última, y en ocasiones única, imagen de un ser querido. 
De mi tatarabuela Rosa, la única imagen que se conserva es de anciana, y ya difunta. 


La exposición señala la evolución tipológica y cronológica de esta práctica a través de piezas del territorio valenciano, de la costa mediterránea, junto con algunos ejemplos europeos y americanos que permiten dar, por un lado, "una visión de las particularidades de este tipo de retratos en el territorio"; pero también "las similitudes del género retratístico sea cual sea su lugar de procedencia". También, se pretende demostrar la manera en que esa práctica se inserta en el rito funerario y adapta al paso del tiempo hasta continuar vigente en nuestros días. 

Celebremos la vida, teniendo presente la muerte. "Memento mori", y a vivir que son dos días!

Fuente: http://www.museuvalenciaetnologia.es/es/imagenesdemuerte 

domingo, 14 de enero de 2018

Ocaso | Adaptation I

LA OPINIóN |NDISCRETA 
Melanie Belmonte

Melanie Belmonte | LA OPINIóN |NDISCRETA

Tras una oscuridad opresiva, escalofriante e inquietante se esconde el último aliento de un óbito inminente.
Tras una intrínseca incipiente desolación, irrumpe, subyuga, y con enjundia -usurpando corazón, alma y mente-, evanescente llama en extinción. Desencadenada desazón. Sufrimiento y desgracia evocan crónicas hirientes, soeces, baladíes, con el fin único de vapulear a un ser herido, irascible y maltrecho. Y ante encubierta y desnutrida esencia, asoma recóndito arrepentimiento.
No alimentemos crispaciones; no. No demos vida a la iniquidad; no. No demos pábulo a la ignominia; no.
Rechacemos la vileza que se esconde tras mezquinas y tortuosas acciones imprudentes, inconscientes, pero hirientes. ¡Basta ya!. No fomentemos esperpentos adalides del abatimiento ajeno.
No hay peor zafio que aquel que va despreciando desde sus altares; altares de humo donde el abismo le espera hasta el olvido. No hay peor abyecto que aquel que va aleccionando, adoctrinando e ilustrando. Y con enjundia. Y con astucia; mientras esbirros y secuaces beben del fatuo soma de su paladín, codiciando el cáliz de la aquiescencia de su salvador. Salvador de egos infravalorados, mediocres, anómalos; menester sin ne qua non del maestro de la deyección más absoluta. Autocracia encubierta. Tiranía del magnánimo pernicioso. No hay peor designio que el del cicerone de masas pusilámines, medrosas y achantadas. Pues el día que brote su bizarro émulo, albas de gloria periclitarán y el ocaso, llegará; sin mesura, sin prudencia, y con licencia.

Mortem | Adaptation I

LA OPINIóN |NDISCRETA 
Melanie Belmonte

Melanie Belmonte | LA OPINIóN |NDISCRETA

Hasta ese momento no había sido plenamente consciente de su marcha. Sufrí mucho, antes y durante, pero no después; no, después, no. Me había preparado psicológicamente para ese momento. Y sin alharacas lo afronté. Mis ojos no conocieron la mar salada de su último ocaso; y mis labios no pronunciaron el abur definitivo. Me mantuve firme, serena, y entera. No hice acto de presencia en su entierro; tampoco en su funeral. Y mi vida continuó aparentemente sin cambios.
Así de simple, así de natural.
Pero el tormento llegó sin avisar; y una oscura y fría noche de invierno, dolor, desasosiego y zozobra se apoderaron de mi ser. Necesitaba su abrazo, su consejo, su guía. Estaba perdida y la llamé; fuertemente, intensamente, con la mente, con el corazón, con todo mi ser. Abrí mis ojos; y ahí, a dos pasos de mí, la vi. Tan bella, tan joven, tan... No la recordaba igual desde mi niñez. Mujer de carácter, de costumbres, segura de sí misma, lucía su característico corte de pelo, cano y rizado. Nunca quiso cambiarlo; tampoco fue necesario. Más su esencia había hecho acto de presencia. Y la abracé, y la hablé. Y me abrazó, y me habló. Y la congoja desapareció.
Así de simple, así de natural.
Afrontar la extinción del proceso vital al que somos sometidos no siempre es fácil de asimilar. La autoimpuesta ceguera del alma obstaculiza el camino por el que deambulamos fieles y ateos. Desde su muerte hasta hoy, no había podido volver a hablar del tema; hablar de ella, hablar con ella, con mi conciencia, con mi esencia.
-¿Crees que has cumplido?
-Podría ser; sí.
-No lo afirmas con rotundidad.
-No. No lo hago. Hay situaciones que no he podido resolver. Intento averiguar en qué he podido errar. Le doy vueltas y vueltas a la cabeza y no hallo respuesta para tal efecto.
-¿Perdón?
-No existe efecto sin causa ni causa sin efecto.
-¿Y?
-Mi tiempo se ha consumido y sigo sin ser consciente.
-Entiendo.
-Me alegro. Porque yo no.
-¿Y ahora?
-Sigo meditando. Trabajando las emociones. Trabajando el dolor.
-¿Meditando? ¿Trabajando?
-Sí. Para llegar a comprender. Para evitar sufrir (más).
-¿Vas a hacer algo?
-No. Simplemente intento entender, sentir, empatizar.
-¿Qué es para ti?
-Error. ¿Quién es para mí?
-De acuerdo. ¿Quién es para ti?
-Mi alma gemela; mi espejo, mi divinidad, mis miserias.
-¿Él lo sabe?
-Se lo dije en una ocasión. 
-¿Y?
-Nada. Creo que ni prestó atención. Y si prestó, no hizo mención. Ni lo tuvo en consideración.
-Entonces...
-Probablemente haya pagado acciones de una vida anterior junto a él. Tomo conciencia. Medito. Acepto. Y quemo Kharma.
-¿Amor?
-Mucho. Pero él no lo sabe. No puedo decírselo. 
-No puedo... No es lo mismo que no quiero.
-Lo sé. Pero no puedo avanzar; demasiados bloqueos, demasiados temas pendientes aún.
-Pero...
-Pero... oportunidad fallida. Llegué tarde, demasiado tarde.
-Nunca es tarde si la dicha es buena.
-Lo sé. La dicha fue reencontrarme con él. Y poder quererlo.
-¡Ah! ¿Pero tú lo sabías? 
-Sí. Desde siempre. Pero tenía que llegar el momento y darse las circunstancias para el encuentro. Y... 
-Y... ¿Todavía lo quieres?
-En silencio. 
-Pero no puedes tenerle.
-Realmente nunca pude; no en esta vida, no hasta el momento. Y ahora menos. Miro a mi alrededor y debo decir adiós para continuar mi camino. Llegó la hora de la transición y preparada estoy. Es menester despedirme de ti, esperando encontrarte más allá de estos lares junto al resto de mis concomitantes acompañantes. Abro los ojos, y con llanto de recién nacido, recibo consciente el reto de mi nuevo sino.
Así de simple, así de natural, una vida más vuelve a asomar.
.

jueves, 4 de enero de 2018

Desillusion | Adaptation II

LA OPINIóN |NDISCRETA 
Melanie Belmonte

Melanie Belmonte | LA OPINIóN |NDISCRETA

Un amor imposible; dos almas gemelas se encuentran a destiempo. Marc, -hombre cuyas ideas progresistas divergen frente a estrictos principios éticos de cuestionable moralidad-, en arduo conflicto emocional consigo mismo, es incapaz de reconocer sus verdaderos sentimientos hacia Rose -espíritu evolucionado consciente de su kármica relación-. Mantener las convenciones sociales establecidas en un entorno políticamente correcto, le autoexigirán permanecer ligado a quien lleva toda una vida a su lado. Por respeto y gratitud a su pareja y por temor a un desconcertante y turbador causal futuro si propiciase el tan anhelado y a la vez opresivo cambio vital, acabará renunciando -a través de un lacerante comportamiento-, a Rose -su verdadero gran amor-, quien en una helada y blanca noche de diciembre en plenas navidades mediante una profunda y sincera conversación con su íntima amiga Priscila, evocará una honda aflicción.
¿Qué pasó? -No lo sé. De verdad. No lo sé. Creo que me utilizó. Experto embaucador. Tejió una tela de araña. En ese momento no sentí que me estuviese engañando, no. Sentí -o quise creer- que era sincero. Se comportó como todo un caballero. Atento, detallista, tierno, cariñoso, dulce. ¿Quieres más?. Podría seguir con toda una larga lista de adjetivos. Imagino que quiso mostrarme su mejor cara. Pero no la real. Algo que siempre exigió él.
¿Entonces? -Clínex.
¿Cómo? -Usar y tirar.
Explícate. -La que necesita una explicación soy yo. ¿Cómo puede alguien cambiar radicalmente su actitud contigo?
¿Qué pasó? -Hubo relaciones. A partir de ahí, indiferencia. Ofensas. Y desprecios. Perplejidad absoluta. A mis reiteradas preguntas por no entender su comportamiento sólo obtuve deleznables y viles mentiras. Y lo peor, constatables. Creo que está claro. Pero no lo supe ver en su momento.
¿Y tú? ¿Cambiaste? -No. Seguí siendo la misma. Con la diferencia de que a partir de entonces, todo lo que venía de mí empezó a resultar molesto.
¿Qué sientes por él ? -¿Sentir? Cuando me abro a alguien, lo hago de corazón. Puedo decirte que le tuve mucho cariño. Mucho. Le consideré un buen amigo. Un amigo especial. Y fue despiadado y cruel. Al menos conmigo. Porque, salvo errores que pude cometer -y rectifiqué-, no hubo ofensa, ni desprecio, ni frialdad, ni indiferencia, ni crueldad en ningún momento por mi parte. Todo lo contrario. Reconduje para salvar esa relación hasta en los peores momentos. Tirando del carro. Y sola. Él simplemente se dejó llevar.
¿Y ahora? -Uff... me lo pones difícil. Siento que todas sus palabras fueron burdas falacias. 'Donde dije digo, digo Diego'. Pudo ser amor. Pero realmente hablamos solo de cariño. Sí; cariño sería la palabra correcta. Porque lo que pudo ser en un principio se cortó de cuajo. Todo se transformó en... ¿odio?. Sí; odio. Hubo una época en la que sólo mostró una profunda animadversión hacia mi persona. Se ensañó. Y mucho.
Suena duro... -No sabes hasta qué punto. He llorado mares.


Desillusion | Adaptation II | Belmonte Arte
¿Crees que es consciente de cómo te ha tratado? -Ha habido ya dos 'perdones'. Uno hace tiempo. Otro, recientemente. Aún así, dado que la historia se repite, quiero pensar que no es plenamente consciente de su comportamiento y del daño que hace. Si nó, no lo haría. ¿No crees?
¿Qué has significado para él? -Nada. Estoy convencida. Llámalo capricho. Una vez cumplida y satisfecha esa ilusión, me hizo sentir una molestia. Un incordio. 
¿Qué ha sido lo peor? -Todo. La frialdad. La ofensa. El desprecio. La mentira. Y a todos los niveles; como persona, como mujer, como amiga, como profesional.
¿Y qué sientes al respecto? -Échale imaginación. Obtendrás la respuesta.
La ruptura, ¿es definitiva? -Nada es definitivo en esta vida salvo la muerte. Y aún así, es cuestionable. Mira, cuando desconoces los motivos reales por los que alguien dinamita la normalización de una relación; cuando se mal piensa y se utiliza en tu contra prácticamente todo lo que dices o haces; cuando se hace uso de la falacia como respuesta al desprecio, menosprecio y negación al que se te somete, ¿qué quieres que haga?
¿Crees que ha sido injusto contigo? -Totalmente. No merezco el trato que me ha dado. Y lo sabe.
¿Te habría gustado que las cosas hubieran sido diferentes? -Por supuesto. La relación podría haberse desarrollado tal y como lo hablamos en su día. Al menos por mi parte. Siempre lo tuve claro. Pero para eso, hay que ser sincero y coherente con lo que uno piensa, dice o hace. Si el empeño que puso en interpretar negativamente cada palabra y cada gesto mío lo hubiese invertido en apreciar cada detalle, cada esfuerzo, cada acto de cariño y respeto que siempre mostré por él, todo habría sido muy diferente. Y la relación, increíble. 
¿Rencor? -Ninguno. Le sigo queriendo. Y solo deseo su felicidad.
¿Qué piensas hacer? -¿Esta vez? Nada. No me corresponde. Ya lo hice en su día por recuperar la relación cuando se rompió la primera vez; y no por mí. Esto es cosa de dos. Y si uno nunca pone de su parte, será porque no le interesa.
¿Crees que habrá una oportunidad de reconciliación? -No lo sé. Ya no depende de mí.
¿Te arrepientes de haberle conocido? -No. En absoluto. Pero para salvar una relación, el cariño debe ser mutuo. Y la predisposición, también. Si uno de los dos ni quiere ni valora al otro, no hay mucho más que hablar. Libres somos de actuar como dicte el corazón, la mente y la conciencia. Mi corazón está bien. Mi mente, en calma. Mi conciencia, tranquila. Y la lección, aprendida.

viernes, 8 de diciembre de 2017

Kharma. Amor de otra vida | Fragmento

LA OPINIóN |NDISCRETA 
Melanie Belmonte


Melanie Belmonte | LA OPINIóN |NDISCRETA


Priscila|-¿Crees en el Kharma?
Rose|-Totalmente.

P|-¿Estás pagando Kharma?
R|-Podría ser. Sí. ¿Por qué no?

P|-No lo afirmas con rotundidad.
R|-No. No lo hago. Intento averiguar en qué he podido errar. Le doy vueltas y vueltas a la cabeza. Y no hallo respuesta para este efecto.

P|-¿Perdón?
R|-No existe efecto sin causa. Ni causa sin efecto.

P|-¿Y?
R|-Que sigo sin ser consciente de la causa. Sigo sin saber el por qué de lo sucedido.

P|-Entiendo.
R|-Me alegro. Porque yo no.

P|-¿Y ahora?
R|-Sigo meditando. Trabajando las emociones. Trabajando el dolor.

P|-¿Meditando? ¿Trabajando?
R|-Sí. Para llegar a comprender. Para evitar sufrir (más).

P|-¿Vas a hacer algo?
R|-No. Él no es un enemigo. Le quiero. Le respeto. Intento comprender. Sentir. Empatizar.

P|-¿Qué es para ti?
R|-Error. ¿Quién es para mí?

P|-De acuerdo. ¿Quién es?
R|-Un amigo muy querido. Tan querido que preferí tenerlo como amigo a no tenerle. Tan querido que acepté perderle y alejarme.

P|-¿Por qué tan querido?
R|-Porque es mi alma gemela. 

P|-¿Él lo sabe?
R|-Se lo dije en una ocasión. 

P|-¿Y?
R|-Nada. Creo que ni prestó atención. Y si prestó, no hizo mención. Ni lo tuvo en consideración.

P|-Entonces...
R|-Probablemente esté pagando acciones de una vida anterior junto a él. Tomo consciencia. Medito. Acepto.Y quemo Kharma. Utilizo luz blanca. Y seres que me acompañan, guían y alumbran mi camino. Y me dan soporte ante los golpes. Uno de ellos apareció para ayudarme precisamente en mi relación con él.

P|-Cuéntame.
R|-Es alguien muy especial. Me ayuda con mi alma gemela. Y avisó: "no será fácil, porque él no es fácil". Desde entonces, largas charlas. 

P|-¿Quién es ese ser?
R|-Solo puedo decirte que estamos muy unidos. Me protege. Y no solo en este tema, sino ante cualquier otra circunstancia adversa en mi vida.

P|-Volviendo al tema de tu alma gemela. ¿Amor?
R|-Mucho. Pero él no lo sabe. No puedo decírselo. 

P|-No puedo... No es lo mismo que no quiero.
R|-Lo sé. Pero no puedo avanzar. Si no he sido capaz de lograr que me quisiera en su vida como amiga ni de que confiara en mí... Imagínate!

P|-¿Crees que te quiere?
R|-Es complicado responder. Mi corazón me dice que sí. Sus actos me dicen que no. 

P|-Pero...
R|-Pero... llegué tarde. Demasiado tarde. 

P|-Nunca es tarde si la dicha es buena.
R|-Lo sé. La dicha fue reencontrarme con él. Y poder quererle. 40 años esperando. 


P|-Ah! ¿Pero tú lo sabías? 
R|-Sí. Desde siempre. Pero tenía que llegar el momento. Y darse las circunstancias para el encuentro. Y que él estuviese receptivo. Y... 

P|-Y... ¿Todavía le quieres?
R|-En silencio. 

P|-Pero no puedes tenerle.
R|-Realmente nunca pude. No en esta vida. No hasta el momento. Y ahora menos. Se alejó de mí por completo.

P|-¿Qué le deseas?
R|-Todo lo que a él le pueda hacer feliz. Siempre. 

P|-Pero te ha dicho que no quiere volver a saber nada de ti.
R|-Así es. 

P|-¿Entonces?
R|-Si no me quiere en su vida, si eso es lo que él desea y necesita para ser feliz ...

domingo, 3 de diciembre de 2017

Disillusion | Fragmento

LA OPINIóN |NDISCRETA 
Melanie Belmonte

Melanie Belmonte | LA OPINIóN |NDISCRETA

Priscila|-¿Qué pasó?
Rose|-No lo sé. De verdad. No lo sé.

P|-Extraño, ¿no?
R|-¿Extraño? Más bien incomprensible.

P|-¿Qué piensas realmente?
R|-Que me utilizó. Experto embaucador. Tejió una tela de araña.

P|-¿Te dejaste engañar?
R|-En ese momento no sentí que me estuviese engañando. No. Sentí -o quise creer- que era sincero.

P|-¿Cómo se comportó?
R|-Como todo un caballero. Atento. Detallista. Tierno. Cariñoso. Dulce. ¿Quieres más? Podría seguir con una larga lista de adjetivos. Imagino que quiso mostrar su mejor cara. Pero no la real. Algo que siempre exigió él.

P|-¿Entonces?
R|-Clínex.

P|-¿Cómo?
R|-Usar y tirar.

P|-Explícate.
R|-La que necesita una explicación soy yo. ¿Cómo puede alguien cambiar radicalmente su actitud contigo? ¿Cómo puede alguien pasar de tener una relación de amistad normal a comportarse como si no te conociese?

P|-¿Qué pasó?
R|-Hubo relaciones. A partir de ahí, indiferencia. Ofensas. Y desprecios. Perplejidad absoluta. A mis reiteradas preguntas por no entender su comportamiento, sólo obtuve deleznables y viles mentiras. Y lo peor, constatables.

P|-¿Con qué intención?
R|-Creo que está claro. Pero no lo supe ver en ese momento.

P|-Has debido sufrir.
R|-Sí.

P|-¿Y tú? ¿Cambiaste?
R|-No. Seguí siendo la misma. Con la diferencia de que a partir de ese momento, todo lo que venía de mí, empezó a resultar molesto. Y empezó a apartarme. 

P|-¿Qué sientes por él ?
R|-¿Sentir? Cuando me abro a alguien, lo hago de corazón. Puedo decirte que le tuve mucho cariño. Mucho. 

P|-¿Decepcionada?
R|-Sí. Le consideré un buen amigo. Un amigo especial. Y fue despiadado y cruel. Al menos conmigo.

P|-¿Por qué dices “al menos conmigo”?
R|-Porque, salvo errores que pude cometer -y rectifiqué-, no hubo ofensa, ni desprecio, ni frialdad, ni indiferencia, ni crueldad en ningún momento por mi parte. Todo lo contrario. Reconduje para salvar esa relación de amistad hasta en los peores momentos. Tirando del carro. Y sola. Él simplemente se dejó llevar.

P|-¿Y ahora?
R|-Uff... me lo pones difícil. Siento que todas sus palabras fueron burdas falacias. 'Donde dije digo, digo Diego'.

P|-¿Qué te dijo? ¿Se puede saber?
R|-No.

P|-¿Te fue infiel?
R|-No. No van por ahí los tiros.

P|-¿Hablamos de amor?
R|-Pudo ser amor. Pero realmente hablamos solo de cariño. Sí. Cariño. Ésa sería la palabra correcta. Creo.

P|-¿Crees?
R|-Sí. Porque lo que pudo ser en un principio se cortó de cuajo. Todo el cariño mostrado se transformó en... ¿odio?. Sí. Hubo una época en la que sólo mostró odio hacia mí. Y mucho. Se ensañó.

P|-Duro...
R|-No sabes hasta qué punto.

P|-¿Has llorado?
R|-Mares.

P|-¿Crees que es consciente de cómo te ha tratado?
R|-Ha habido ya dos 'perdones'. Uno hace tiempo. Otro, recientemente. Aún así, dado que la historia se repite, quiero pensar que no es plenamente consciente de su comportamiento y del daño que hace. Si nó, no lo haría. Y menos a una amiga. ¿No crees? 

P|-¿Qué has significado para él?
R|-Nada.

P|-¿Nada?
R|-Sí. Nada. Estoy convencida.

P|-¿Seguro?
R|-Sí. Llámalo capricho. Ilusión. Una vez cumplida y satisfecha esa ilusión, todo acabó para él. Me hizo sentir una molestia. Un incordio. 

P|-¿Siempre?
R|-Sí. Al final, sí.

P|-¿Qué ha sido lo peor?
R|-Todo. La frialdad. La ofensa. El desprecio. La mentira. Y a todos los niveles. 

P|-¿A qué niveles?
R|-Como persona, como mujer, como amiga, como profesional.

P|-¿Nunca ha mostrado respeto, cariño o verdadero interés por ti?
R|-Oh! ¿Verdadero? No lo sé. Pero sí. Al principio. Luego, sólo en dos ocasiones a lo largo de todo este tiempo me preguntó qué tal me iba o cómo estaba.

P|-¿Sólo dos veces?
R|-Sí.

P|-¿Y qué sientes al respecto?
R|-Échale imaginación. Y obtendrás la respuesta.

P|-¿Crees que al menos en esas dos ocasiones se preocupó de verdad?
R|-Quiero pensar que sí. Pero no lo sé.

P|-¿Y tú? ¿Has mostrado respeto, cariño o verdadero interés por él en alguna ocasión?
R|-Siempre. Y nunca he dejado de hacerlo. 

P|-¿Qué postura has adoptado finalmente?
R|-Alejarme. Por completo. Es lo que él estaba pidiendo a gritos. ¿No?.

P|-¿Es definitivo?
R|-No hay nada definitivo en esta vida salvo la muerte. Y aún así, es cuestionable.

P|-¿Entonces?
R|-Cuando desconoces los motivos reales por los que, quien dice ser tu amigo, dinamita la normalización de una relación. Cuando ese alguien mal piensa y utiliza en tu contra prácticamente todo lo que dices o haces. Cuando se hace uso de la falacia para dar respuestas al desprecio, menosprecio y negación al que se te somete. ¿Qué quieres que haga?

P|-¿Crees que ha sido injusto contigo?
R|-Totalmente. No merezco el trato que me ha dado. Y lo sabe.

P|-¿Te habría gustado que las cosas hubieran sido diferentes?
R|-Claro.

P|-¿Cómo?
R|-Las relación podría haberse desarrollado tal y como lo hablamos en su día. Al menos por mi parte. Siempre lo tuve claro. Pero para eso, primero hay que ser sincero con lo que uno dice, escribe o hace. Y después, desear que así sea, por supuesto.
Si el empeño que puso en interpretar negativamente cada palabra, cada gesto mío, lo hubiese invertido en apreciar cada detalle, cada esfuerzo y acto de cariño y respeto que siempre mostré, todo habría sido muy diferente. Y la relación, increíble. 

P|-¿Rencor?
R|-Ninguno. Le sigo queriendo. Y él, lo sabe. Sólo deseo su felicidad.

P|-¿Qué piensas hacer?
R|-¿Esta vez? Nada. No me corresponde. Ya lo hice en su día por recuperar la relación cuando se torció. Y no por mí. Y lo di todo. Y él lo sabe. Pero esto es cosa de dos. Y si uno nunca pone de su parte, será porque no le interesa.

P|-¿Crees que habrá una oportunidad de reconciliación?
R|-No lo sé. Ya no depende de mí.

P|-¿Te arrepientes de haberle conocido?
R|-No. En absoluto. Pero para salvar una relación, el cariño debe ser mutuo. Y la predisposición, también. Si uno de los dos ni quiere ni valora al otro, no hay mucho más que decir.

P|-¿Lección?
R|-Cada uno es libre de actuar como le dicte su corazón, su mente y su conciencia. Mi corazón está bien. Mi mente, en calma. Mi conciencia, tranquila. Y la lección, aprendida.

Melanie Belmonte | © Disillusion | Fragmento


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